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''una fuente de
imágenes sonoras fantasiosas y al mismo tiempo, posibles.''
1) ¿Cual es tu formacion
musical?
Muy variada. Tuve la suerte de ir al
Instituto Vocacional de Arte Infantil de la calle Garay, a pocas
cuadras de donde vivía, a los 4 años. O sea, aún antes de lo que era
habitualmente entonces permitido en la institución. Allí hacíamos de
todo: teatro, cerámica, danza y música. Recuerdo que la maestra de
teatro, la gran titiritera Sarah Bianchi, me pintó un retrato en
plena fiesta de fin de año por ser el alumno más chiquito. Al mismo
tiempo, empecé a estudiar piano con una vecina, y al tiempo guitarra
con una horrible profesora del barrio. Abandoné llorando y con el
firme deseo de no volver a tocar más nada. Tiempo después, mis
viejos consiguieron otra horrible profesora del barrio. Al principio
me gustaba, y practicaba con ganas. Tantas que un día me honró
diciéndome que comprara nada menos que la partitura de la milonga
Tío José. Entusiasmado, fui y la pedí en puntas de pie en Antigua
Casa Nuñez. Me la llevé a casa y la saqué al toque y completa.
Embaladísimo, fui a la clase siguiente, y la gorda aquella, que daba
clase a 20 al mismo tiempo me dijo que estaba mejor, que siguiera
estudiándola. "Pero...si es la primera vez que la toco en clase", le
dije quebrado. La gorda se despertó y me felicitó, pero yo ya no
quise saber más nada. Otra vez, para siempre. Meses después, mi papá
estudiaba guitarra con alguien. Y un día me propuso que yo estudiara
con ese alguien. El tipo vino y me preguntó si yo sabía tocar. Por
supuesto, le dije que sí. Y que hasta sabía da capo al fine nada
menos que la milonga Tío José, como quien dice ya no me queda nada
por aprender. Eduardo, porque se llamaba Eduardo el tipo, me dijo
que "que bien", "bravo", "te felicito", y qe no venía a enseñarme
nada ni que pretendía que estudiara música, ya que era evidente que
para un experto milonguero como yo, la música no escondía más
secretos. Sólo me dijo que quería tocar para mí. Y así fue. Sacó la
guitarra, se sentó y tocó no sé cuanto tiempo sin parar. Yo nunca
había escuchado a alguien tocar así, y debo decir que tampoco
resultó una experiencia fácil de repetir. Cuando dejó de tocar,
luego de revisar siglos de música, yo estaba tan conmovido que no
paraba de llorar en un sillón que todavía tengo. Me saludó y se fue.
Claro. Era Eduardo Viacava, uno de los talentos más grandes que tuvo
una guitarra por detrás. Apenas se fue, pedí a los gritos que yo
quería tocar así, y que quería estudiar con él. Fue Eduardo quien
recuperó la música para mí. Se suicidó a los 27 años, cuando yo
todavía era un pibe, y cuando él todavía un grande que tenía mucha
belleza para regalar. Hace un par de años, cuando murió mi amigo
Miguel Angel Girollet, decidí dedicar una obra de las pocas que
tengo escritas para guitarra (y que él pensaba grabar, como declaró
en varios reportajes) a su memoria. Pero también me acordé de
Eduardo Viacava, y le agregué una agradecida dedicatoria por aquel
íntimo y decisivo recital casero. Esa obra se llama Afrecho y está
siendo editada en este mismo momento en Alemania. Así es que
empecé con la música a los 4 y desde entonces sigo estudiando hasta
el día y la noche de hoy. Tuve varios profesores de piano, alguno de
clarinete y saxo, fui un tiempo a clases de percusión, cursé los
Conservatorios Municipal y Nacional, y hasta aquel conservatorio
clásico que funcionaba en el teatro Roma de Avellaneda. Entre las
lista de profesores, rescato especialmente aquellos que se
constituyeron en mis maestros. Particularmente Juan Francisco
Giaccobbe, con quien aprendí contrapunto y mucho más. Mariano Drago,
mi maestro de dirección orquestal, que me dejó un par de hojas con
breves composiciones, o mejor dicho, ideas suyas para que se las
orqueste... algún día. Y mi querido amigo y maestro Simón Blech, con
quien fuimos compinches tantos años y de quien, sin proponerse
enseñarme nada, aprendí tanto. Simón me orientó, enseño y también
cuidó. Me honró pidiendome que le escribiera una obra para que él
estrenara, pedido que no debe haber hecho así jamás. Esa obra es
Hercules en la Perfumería (Si mon blue song chantait...), que tocó
con la Sinfónica Nacional. También, el primero de los Tres Retratos
entrañables que me encomendó la Orquesta Mayo y estrenó el maestro
búlgaro Dmitr Manolov se llama Simón B. y es un regalo a Simón, que
ya estaba muy enfermo cuando lo recibió, y que murió dos días antes
del estreno, en octubre de 1997, algo que ambos sabíamos que podía
pasar. El nacimiento de ambas obras es fruto del gran cariño que nos
teníamos, y que el expresaba a veces con tanta calidez, otras con
pequeños gestos que encerraban un gran amor y raramente, con ese
estilo gruñón que lo hizo una leyenda. Jamás valoré ningún otro
piropo profesional como los que vinieron de Simón. Estoy orgulloso
de haber sido su amigo y discípulo. Algún día les contaré otras
anécdotas. En términos de formación musical, no podría dejar de
contabilizar el provecho que significó trabajar en toda clase de
boliches, escenarios y circunstancias, acompañando y arreglando para
cantantes melódicos, orquestas de carnaval, grupos de rock and roll,
bandas chamameseras, grabaciones de todo tipo, tipa y estilo, y una
maciza cantidad de etcéteras. He recorrido todo lo que hay entre los
carnavales en el club Deportivo Español hasta el Teatro Colón. He
tenido grandes maestros de chamamé y de otras ramas del folclore, y
ahora que también estoy rodeado por tangueros, empezando por mi
querido amigo Enrique Cadícamo, con quien hicimos un tango que
enviamos a Francia y estamos tramando un álbum juntos y siguiendo
por mi compadre el Negro Suárez Paz, Fats Fernández y otros
forajidos con los que hemos hecho pilas de cosas. Todo eso me
autoriza a decir que nada de lo musical me es ajeno. Y que me
considero muy afortunado con los maestros y amigos que he tenido y
tengo.
2) Tocas varios instrumentos...¿Esto es
necesario para tu tarea de Director de Orquesta?
Mas
que necesario, es conveniente. Permite entender que siente, aún
físicamente, cada músico. Y por supuesto, la experiencia de dirigir
orquesta es fantástica para escribir música para orquesta. Es a la
vez una vacuna de realismo contra la creación de imposibles y otras
idioteces instrumentales, a la vez que una fuente de imágenes
sonoras fantasiosas y al mismo tiempo, posibles.
3)¿Es frecuente que un compositor se dedique al
campo popular y simultaneamente a la llamada musica clasica
?
Creo que no. No sé. Pero por lo pronto, esa
estadística se basaría en el reconocimiento demasiado estricto de
fronteras entre ambos territorios. Digamos que yo soy en este
sentido un hombre del campo. Un campesino musical a quien no le
importa demasiado si el terreno es popular o no, clásico o moderno,
conservador o vanguardista. Por algo hice una obra que se llama
Suite Antipopular. (ver nota aparte)
4) En los
titulos de tus composiciones se trasluce cierta irreverencia y
desacartonamiento, que no es frecuente en la musica clasica. ¿Es una
actitud de provocacion o de aunar compartimentos
estancos?
Basicamente, responde a la creencia de que
un título o un nombre no puede dar cuenta acabada y completa de una
música instrumental. Es más, finalmente las palabras suelen fracasar
si es que pretenden abarcar o incluír entero el objeto, sujeto o
fenómeno al que se ligan. Así es que aprovecho esa especie de
espacio en blanco que es el nombre de una obra para
joder.
5) ¿como se complementan tus multiples
profesiones de musico, periodista y medico?
No sé
como, pero seguro que se conectan y complementan y nutren y
potencian y ayudan. Por lo pronto, ya sé que no podría dedicarme
sólo a una de mis vocaciones. Suele suceder que por ejemplo cuanto
más exigencias musicales tengo, (por caso, completar una obra o
preparar una grabación o un concierto) el periodismo aparece
pidiendo más, como una interferencia. Pero sin ese aparente
obstáculo, no podría terminar esa obra o preparación. Y a la
inversa. Cada actividad resulta así una especie de coartada para las
demás.
6) Desde tu condicion de periodista
especializado en musica del diario Clarin, recibiras mucha
informacion.¿Como ves la escena musical en
Argentina?
La posibilidad de acceder a mucha
información plantea el temible riesgo de la desinformación. Es mejor
no perderse entre tantos datos que, finalmente, son apenas detalles
que pueden diluír la percepción panorámica. Por lo tanto, mi visión
de la escena musical argentina trata de esquivar ese riesgo, y
existe a pesar de tanta supuesta información. Pero al mismo tiempo,
la experiencia periodística en un medio masivo me ha ayudado a
comprender precisamente los fenómenos musicales masivos, cuya
relación con la música es precisamente muy relativa. Argentina es
una nación joven, cuyo deporte favorito consiste en preguntarse en
qué consiste su nacionalidad, un vicio que no es imaginable para un
chino, un sajón o un ruso. La nacionalidad, como la personalidad,
debería quizás entenderse como un resultado y no como un
presupuesto. La tradición de la joven Argentina es por lo tanto muy
corta de vida, y para colmo, también de miras, y de oídas. Es un
paisito mas bien soberbio, conservador, represivo y reprimido, creo
yo, que ha tenido la suerte de contar con algunos individuos que la
han honrado con su trabajo artístico. Gardel, Piazzolla y algunos
más... El resto está por verse. Para decirlo de otra mala manera, no
es lo mismo ser "el mejor de la Argentina" que ser bueno.
7)Proximamente estaras viajando a Estados
Unidos. ¿Quienes te acompañan, cual es es itinerario y que material
presentaran?
Con Fernando Suárez Paz (a) El Negro
estaremos presentando próximamente en Estados Unidos el Concierto en
Canto Negroriano, para violín y orquesta. Hay mucho más que planes
para tocarlo y editarlo en CD allá. Y otros proyectos de calibre
similar, que no sería bueno quemar por apurados. Luego tengo una
invitación para viajar a Medio Oriente en noviembre y veremos que
pasa por allí.
8) ¿Tenes pensado editar un nuevo
CD con este material?
Tal cual. En los próximos
tiempos serán editados el Negroriano, el primer volumen de mis cosas
para piano tocadas por la gran Susana Kasakoff, un par de obras de
cámara que me han encomendado, una obra para orquesta de cuerdas que
se estrenará y será grabado por un conjunto de cámara muy conocido
hacia fin de año, y... quien sabe que más puede surgir o
cancelarse.
Agosto 1999 |